La pintura trascendental

          Una filosofía de la pintura

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Salidas de la crisis

Durante el radical cambio del siglo 19 al 20, pintores como Kandinsky, Malevich, Delaunay, Mondrian, Klee e Itten buscan igualmente el orígen de la expresión artística y aspiran a "la realidad pura", "la energía pura", "la vitalidad pura", "los colores puros". Abogan por desprenderse del objeto, dejar que los colores y superficies se expresen por si mismos, y se dirigen de este modo hacia la abstracción. Con su "escuela de la contemplación pura" Egon de Vietinghoff comparte con ellos este punto de vista. Pero después de un período muy corto se aparta del Cubismo, como Delaunay, Mondrian y Vlaminck, y se libera a su manera del realismo.

E.v.Vietinghoff, Pimientos verdes 1928

E.v.Vietinghoff, Pimientos rojos 1981 A pesar de la insatisfacción compartida y las concordantes ideas fundamentales, su lógica lo lleva a consecuencias opuestas. Para él, el arte visual es un lenguaje que necesita formas concretas para poder ser entendido. Como los colores (excepto refracciones de luz) están siempre relacionados con objetos, para él la pintura debe ser figurativa. Mientras la pintura de sus contemporáneos se vuelve cada vez más plana y fría, la suya aparece más plástica y cálida.

Independientemente de las tendencias y corrientes de la época, Egon de Vietinghoff se pone a estudiar las obras originales de los antiguos maestros; en Paris se va – a veces a diario – al Museo del Louvre. En su taller luego experimenta con sus observaciones y descubre así no sólo la técnica de óleo con resina incorporada, sino también el aspecto espiritual de las auténticas obras de arte. Denomina “visión” a esta forma de mirar los objetos. La "pintura visionaria" o "pintura trascendental" hace visibles estas visiones.

E.v.Vietinghoff, Modelo, Paris 1925-29

 

Pintura trascendental

Para percibir el mundo, Vietinghoff se abre a los fenómenos de la naturaleza. Lo que pinta no es en realidad la superficie de los objetos, sino su disolución en interacciones de colores que se producen delante de sus ojos. Reproduce un espectáculo de colores en el cuál se sumerge y no una acumulación de observaciones individuales. Como el juego de colores y luces emana de objetos reales, la pintura trascendental es figurativa; en la medida que expresa sensaciones y no propiedades mensurables del objeto, la pintura trascendental es al mismo tiempo el opuesto del naturalismo.

La pintura trascendental no copia pero tampoco inventa nada por el camino de las construcciones intelectuales. Busca la esencia del mundo real y llega a través de su aspecto meramente sensual a conclusiones metafísicas. De este modo Vietinghoff encuentra una alternativa para los dos polos naturalismo y abstracción – o sea copia y construcción. 

Al concentrarse exclusivamente en el juego de luces y colores, le permite descubrir al espectador las simples maravillas de la vida. Así, incluso en una época de auge del abstracto y del compromiso político de la pintura, también el arte de Vietinghoff resulta provocativo.

Partiendo de una concepción filosófica y mística, él entiende como fantasía la capacidad del espíritu humano de tener percepciones trascendentes. La intuición – una especie de "sexto sentido"– conduce por su intensificación en el plano artístico a la inspiración y utiliza la fantasía como órgano de percepción de la realidad irracional y absoluta que, con nuestra visión limitada del mundo, adivinamos sólo por momentos. Fantasía no es, por consiguiente, un pensamiento original, o un sueño especulador, ni tampoco deformación voluntaria o alienación de los fenómenos.

 

La escuela de la contemplación pura

El camino que lleva a la pintura transcendental pasa por una forma particular de ver los objetos, basada únicamente en la percepción "no figurativa" del color y de la luz.

Durante la infancia tuvimos que aprender a ver espacialmente. Las imágenes se proyectan sobre la retina sin relieve, lo mismo pasa sobre la tela del pintor. Sólo la interacción del ojo y el sentido táctil permite una percepción concreta del objeto. Esto resulta de muchas pequeñas experiencias y del conocimiento del mundo material que originalmente no es de naturaleza visual, o sea que no llega a nuestra conciencia a través de la percepción (del ojo) solamente, sino se basan, por ejemplo, en el tacto y reflexión intelectual.

Vietinghoff entiende como no "figurativo" y "puro", lo consecuentemente colorido, es decir lo solamente referido al color; creado por la pura función ocular y no abstracto en el sentido de lo geométrico, plano o simbólico. Para él "puramente visual" significa percepción puramente sensual, no alterada por agregados, alienación o intenciones intelectuales, en otras palabras: libre del conocimiento adquirido.

El pintor se ocupó durante años de ejercicios de visión meditativos que le permitieron llegar a una percepción no intencional de los objetos que se le presentan como superficies contiguas de color; de esta manera está preparado para recibir inspiración. En esta "escuela de contemplación pura" los conocimientos y presunciones anteriores con respecto a la materialidad de las cosas se desvanecen: se desintegran en fragmentos coloridos individuales y sólo se reproduce la dinámica interna de la luz y el color.

El artista representa a los objetos tridimensionales como superficies de color, puestas una al lado de otra. Al observador humano no le cuesta rectificar y recuperar la visión espacial ya que el ser humano aprendió la visión concreta de las cosas.

Vietinghoff compara al artista de pintura trascendental con su meditativa concentración, su percepción pura y no-intencional, con el arquero del budismo zen: ambos suprimen por meditación toda voluntad, todo pensamiento y se vuelven de este modo susceptibles a experiencias distintos a los conocidos y necesarios para la vida de todos los días. El mundo aparece únicamente como una interacción de sombras y colores en un contexto cromático, como el "drama del color y de la forma", mostrando al espectador un aspecto diferente al ya conocido.


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